El domingo por la mañana me fui hasta “El Soberbio”, atravesando la selva misionera de oeste a este, el paisaje, vegetación en estado salvaje, solo en las proximidades de las poblaciones se ven plantaciones de hierba mate, té, mucho pino, cada vez más tabaco, soja y citronela, originaria de Sri Lanka, de ella se extrae un aceite que se usa en perfumería. Aparece en medio de la selva alguna aldea guaraní, lamentable el estado en el que viven en San Ignacio visité una, tienen los mismos problemas de abandono que el resto de las comunidades indígenas americanas.
Al llegar a el pueblo, de unos 5.00 habitantes, me llama enseguida la atención la cantidad de gente rubia, de ojos claros y piel pálida, luego me enteré que los fundadores eran colonas alemanes provenientes de Brasil, así se entiende el portuñol que usan cuando hablan. en el río Uruguay se ve un incesante tráfico de preñas embarcaciones cruzando entre los dos países, la relación entre los habitantes de una y otra orilla es muy estrecha, sólo cuando juegan las selecciones el ganador tira cohetes hacia la orilla contraria.
Una lancha neumática por unos 50 pesos te da un paseo de una media hora por los 3 km de cascada, un viaje impresionante, entre el atronador ruido del agua cayendo y salpicándote como una fina lluvia, mientras el torrente del ría zarandea la balsa a su antojo, una experiencia impresionante.

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